Por qué muchos ingenieros saben programar, pero no saben validar sistemas

Introducción

En los últimos años, el nivel medio de competencia técnica en programación ha aumentado de forma notable. Ingenieros capaces de desarrollar código en PLCs, implementar diseños en FPGA o programar sistemas embebidos son cada vez más habituales. Sin embargo, en entornos industriales reales persiste un problema recurrente: muchos sistemas funcionan, pero no están realmente validados.

Esta diferencia, que puede parecer sutil, es crítica en proyectos industriales y especialmente en sistemas safety-critical, donde el fallo no es una opción aceptable.


Programar no es validar

Programar consiste en implementar una lógica que produce un comportamiento observable. Validar, en cambio, implica demostrar que ese comportamiento es correcto, predecible y aceptable en relación con unos requisitos definidos, en todas las condiciones relevantes de uso.

Un sistema puede estar correctamente programado y, aun así, no estar validado. Esto ocurre cuando:

  • No existen requisitos claros contra los que validar.
  • Las pruebas se limitan a casos nominales.
  • No se analizan escenarios anómalos o degradados.
  • No hay trazabilidad entre diseño, pruebas y resultados.

El sistema “funciona”, pero nadie puede asegurar por qué, hasta cuándo o en qué condiciones dejará de hacerlo.


El origen del problema: formación centrada en herramientas

Buena parte de esta situación tiene su origen en una formación técnica excesivamente centrada en herramientas. Se enseña a programar un PLC, a describir hardware en VHDL o a desarrollar firmware, pero rara vez se profundiza en:

  • Cómo definir requisitos verificables.
  • Cómo diseñar pensando en el test.
  • Cómo validar comportamientos complejos.
  • Cómo documentar y justificar decisiones técnicas.

Como resultado, muchos ingenieros adquieren soltura en la implementación, pero carecen de criterio de validación, que es precisamente lo que diferencia un desarrollo académico de un sistema industrial real.


Consecuencias en proyectos industriales

Esta carencia se manifiesta de forma clara en proyectos reales:

Automatización industrial
Lógicas de control que funcionan en pruebas básicas, pero fallan en secuencias poco frecuentes, arranques parciales o condiciones de error.

FPGA y sistemas digitales
Diseños correctos desde el punto de vista funcional que revelan errores de temporización, sincronización o inicialización al integrarse en el sistema final.

Sistemas embebidos
Comportamientos erráticos ante condiciones límite que no fueron considerados durante el diseño ni validados de forma sistemática.

En todos los casos, el problema no es la falta de conocimiento técnico, sino la ausencia de un enfoque de validación estructurado.


Qué implica realmente saber validar sistemas

Validar sistemas no es ejecutar más pruebas, sino pensar el sistema de otra forma. Implica adoptar un enfoque de ingeniería que incluya:

  • Definición clara de requisitos funcionales y operativos.
  • Diseño de arquitecturas observables y testeables.
  • Simulación como herramienta de diseño.
  • Verificación iterativa a lo largo del desarrollo.
  • Validación orientada al uso real y al contexto industrial.

Este enfoque requiere más reflexión en fases tempranas, pero reduce drásticamente los problemas en integración y puesta en servicio.


Formación técnica aplicada: cerrar la brecha

La formación técnica aplicada tiene un papel clave para cerrar esta brecha. No se trata de sustituir el aprendizaje de herramientas, sino de complementarlo con criterio de ingeniería.

Una formación alineada con entornos industriales reales debe enseñar a:

  • Pensar en términos de sistema, no solo de código.
  • Diseñar para validar, no validar al final.
  • Entender el impacto real de los fallos.
  • Comunicar y documentar decisiones técnicas.

Solo así los ingenieros pueden afrontar proyectos industriales con solvencia técnica y responsabilidad profesional.


Conclusión: validar es una competencia, no un añadido

Saber programar es una condición necesaria, pero no suficiente, para desarrollar sistemas industriales fiables. La capacidad de validar es una competencia en sí misma, que debe adquirirse, practicarse y aplicarse de forma sistemática.

En ingeniería industrial, la diferencia entre un sistema que “funciona” y uno que es fiable, mantenible y seguro reside en la validación. Y esa diferencia no la marca la herramienta utilizada, sino el enfoque con el que se ha formado y trabaja el ingeniero.